Para una madre tener una hija o hijo con autismo es una ardua labor, ya que se dedican en cuerpo y alma a cuidarlos, uno de cada 115 niños lo padecen
En virtud de que el pasado 02 de abril se conmemoró de una forma atípica el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo promovido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en esta ocasión entrevistamos a la señora Nancy Anaya García, una madre dedicada al 100 % de su familia, luego de que su segundo hijo, el pequeño Arturo de 11 años, resultara con espectro autista, lo que conllevó a un largo y extenuante peregrinar.
En entrevista la madre de familia de 38 años de edad, develó que las personas autistas son las más vulnerables a contraer Covid-19, ya que muchas de ellas no siguen las indicaciones dictadas por las autoridades para la prevención, e incluso porque a la mayoría les cuesta trabajo ir al médico.
“Un estudio epidemiológico del doctor Carlos Martín, uno de los pocos investigadores en México, identificó de forma estadística que uno de cada 115 niños son autistas. En León, Guanajuato se realizan unas pruebas muy completas para detectar esta condición de vida, pero no en el resto de la República”, dijo.
Aunque dijo jamás haber imaginado que alguien en su familia fuera autista, ya que hasta ese entonces desconocía el término, fue al tercer año e inicio del cuarto cuando culminó su peregrinar al ser atendida por un especialista serio, pues destacó que en todos los ámbitos de la sociedad existe mucho desconocimiento.
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“La mayoría de los padres pierde hasta tres años y medio para encontrar un especialista y esto perjudica porque si no se atiende a tiempo, se pierden muchas oportunidades en la vida, esto por la plasticidad cerebral, lo que le dice uno: aprenden como una esponja. Son varios los factores que perjudican al autismo: la atención médica no está en cualquier lado, y las consultan con los pocos especialistas que hay de forma privada, son caros. Hay mucho desconocimiento e incomprensión por parte de la sociedad. El sector público, tiene pocos espacios de atención y los que hay, están saturados. Y por si fuera poco, no todos los lugares son accesibles, a pesar de que el artículo 3° de la Constitución garantice el acceso a la educación, esto por la falta de adecuaciones. La mejor forma para que las cosas mejoren en una familia es decirle adiós a quien querías que fuera tu hijo(a) y darle la bienvenida a quien sí es parte de tu familia”, aseguró.
Definió al autismo como una condición de vida, incurable, la cual no es adquirida. Señaló que el espectro varía de una a otra persona, por lo que actualmente se categoriza como niveles de apoyo. Afirmó que en el caso de Arturito, posee grandes niveles de necesidad que requieren apoyo.
“En el cine y la televisión se aprecian varios casos de autismo, claro que fueron romantizados para el público, pero que a grandes rasgos definen al autismo. Pero cada persona es única, por lo que el autismo varía entre una y otra personita. Arturo es una persona flexible, va a la escuela, toma mucha terapia, es todo terreno. Lo que sí es que no percibe muy bien el frío o el dolor, pero sí es sensible a ciertos sonidos. Una diferencia de percibir se vuelve un problema de conducta, por lo que es necesario el entrenamiento de conducta. Por él me volví una divulgadora”, explicó.
Finalmente, hizo varias sugerencias tanto a padres de familia, como a personal médico, sobre las acciones a realizar durante este tiempo.
“Los papás con hijos autistas debemos jugar mucho al doctor, simular mucho esas cuestiones que significan la vida o muerte de los autistas. Es un reto, pero este tipo de aprendizaje por desensibilización es efectivo. Es importante que el personal médico y de enfermería sepan cómo hacerle para atender un pacientito con autismo, porque si no se llega muchas veces al sometimiento y por ahí no va la cosa”, resumió.
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