La FGR enfrenta un reordenamiento tras la salida de Alejandro Gertz Manero, y con ello se abre una nueva etapa institucional con Ernestina Godoy Ramos como encargada del despacho.

Cambio de mando y contexto

El abrupto relevo de Gertz Manero marca el fin de un ciclo: su renuncia —cercana a su término constitucional en 2028— generó un vació institucional que la ley resolvió con la designación de Godoy como encargada interina, tras ser nombrada por el propio Gertz en el cargo clave de Control Competencial.

Según fuentes del Senado, la decisión se aceleró en un contexto de urgencia institucional, lo que evidencia la magnitud del cambio en la Fiscalía.

Primeros nombramientos: rumbo a la reorganización

En su primer día al frente de la FGR, Godoy realizó movimientos estratégicos en áreas clave: designó a Héctor Elizalde Mora como responsable de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) y a César Oliveros Aparicio como titular de la Fiscalía Especializada en Materia de Delincuencia Organizada (FEMDO).

Ambos funcionarios tienen historial de colaboración en cuerpos de seguridad vinculados a la administración de la actual Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) —lo que sugiere una estrategia de reforzamiento del brazo operativo de la FGR.

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Declaraciones y perfil de la nueva administración

Tras asumir el cargo, Godoy manifestó su compromiso de gobernar la FGR con “ética, firmeza y un profundo sentido de justicia”. Tras dejar su puesto anterior como consejera jurídica del Ejecutivo Federal.

Este giro propone un enfoque institucional distinto: ya no se trataría de una Fiscalía centrada en mandos personales o intereses particulares, sino de una estructura orientada a resultados, en particular en materia de investigación criminal y combate a la delincuencia organizada.

Qué significa este cambio para la justicia en México

Este relevo representa una oportunidad para redefinir el papel de la FGR: con nuevos titulares en las áreas operativas. Podría fortalecerse la capacidad investigadora y la coordinación con otros organismos del Estado. Además, la designación de Godoy —perfil cercano al poder político — deja dudas sobre la autonomía institucional. Lo que sin duda será objeto de vigilancia pública y mediática.

Por otro lado, un cambio tan profundo puede significar un “reacomodo de prioridades”. La resolución de viejos casos a la atención de delitos complejos — narcotráfico, crimen organizado, corrupción — mediante una estructura renovada.

Conclusión

La entrada de Ernestina Godoy al mando de la FGR no es un simple cambio de escritorio: implica una reconfiguración institucional, con nuevo liderazgo operativo y una apuesta por reorganizar las áreas clave de investigación y persecución del delito. La efectividad de esta transformación dependerá de si logra consolidar nuevas prácticas de justicia, sin repetir viejas fallas. Sobre todo, si mantiene un equilibrio entre autonomía institucional y coordinación con las instituciones del Estado.

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