SOS, grita el planeta
Marcelo Pérez Rodríguez (*)
El calor es intenso, sobrepasa los 40 grados. El bochorno en las mañanas y noches es casi insoportable: sudamos sentados, acostados o después del baño. A pesar de estar acostumbrados al calor, esta vez los yucatecos estamos padeciendo la radiación solar en extremo. Éste es un llamado de auxilio del planeta.
De repente nos sorprenden situaciones extremas en la naturaleza que nos ponen en alerta e incluso nos atemorizan. Habíamos visto el sargazo como algo natural en las playas, pero nunca de tantos metros dentro y fuera del mar, ni tan espeso que obstaculiza el paso de los bañistas. En Playa del Carmen y Cancún la abundancia de las algas se ha convertido en un problema turístico y económico, pues la gente se retira de las playas o cancela los viajes, pero también es un grave problema ambiental.
Nuestras playas en la entidad también sufren. Hay sargazo, aunque no tanto, el agua no está tan limpia, hay basura en la arena, las piedras aparecen a la entrada del mar y el oleaje en ocasiones es muy fuerte. ¿Qué hemos hecho?
Las clases se suspenden en Ciudad de México y algunos otros lugares debido al exceso de contaminación en el aire, lo que impide que los niños, principalmente, salgan a las calles. ¿Cuándo habíamos escuchado esto en el país?
Sabíamos de la contaminación que había en el aire en la capital del país, pero no al grado de convertirse en un peligro para todo ser vivo.
Esto quiere decir que no hay control adecuado de las emisiones de fábricas, automóviles, camiones y grandes industrias. ¿Qué estamos haciendo? ¿Hasta dónde llegará esta contaminación?
El clima se intensifica en el país y en el mundo. La naturaleza la hemos dañado sobremanera y ahora responde a gritos. El sargazo puede crecer y en lugares donde no se quite dañará arrecifes y el ecosistema marítimo. Se convertirá en un peligro para todo ser vivo en determinadas partes de los mares.
Hemos dañado playas y mares. Plásticos, popotes, latas, botellas, basura de todo tipo y un sin fin de contaminantes ha llegado al mar por la mano del ser humano. Quizá sin pensar que esas cantidades al paso de los años serían un peligro no solo para los animales marinos y los ecosistemas que los rodean, sino también para nosotros.
¿Qué futuro nos espera?
Si el aire, las aguas y el mar se contaminan, y esto afecta a la flora y la fauna, entonces ¿qué futuro nos depara la naturaleza? Y esto debe preocuparnos a todos y crear acciones que eviten más la contaminación e incluso reviertan los daños causados durante tantos años.
Hemos talado bosques y quitado árboles sin pensar en el mañana para darle paso a las grandes construcciones, pero ¿a qué costo?
Los fraccionamientos han crecido, pero los árboles han disminuido. Las planchas de cemento han suplido a las plantas y ahogado los pulmones verdes de los meridanos. Recientemente se expresó que esto ha intensificado el calor que ahora sentimos, pero las leyes y normas de urbanización no son tan rígidas, muchas veces se quedan solo en el papel para darle paso al cemento y a la deforestación.
Los fraccionadores deben hacer conciencia de que la tala de árboles en las áreas de construcción afectará a los pobladores.
Hay lugares en donde se ven las casas recién construidas sin ningún árbol a la vista.
Las leyes de urbanización deben contemplar de manera estricta la necesidad de conservar árboles, parques recreativos con plantas y espacios exclusivos de áreas verdes. Pero las autoridades deben vigilar celosamente el cumplimiento de estas normas.
Estamos convirtiendo en un comal, en un horno, en una verdadera hoguera nuestra ciudad, la entidad, el planeta. Si muchos sienten que se están salcochando ahora, pensemos qué sucederá en un año, en dos, en cinco o en diez con la radiación solar y la contaminación del aire. Pensemos en los hijos, en los nietos, en las nuevas generaciones.
¿Qué planeta vamos a heredarles? Vamos por ellos a luchar contra la contaminación. Necesitamos cambiar hábitos y hacer conciencia de los beneficios de cuidar a la naturaleza. Es urgente comenzar en casa y horadar las planchas de cemento que cubren el patio para poner plantas y algún árbol.
Urge reforestar nuestra ciudad, la entidad, nuestras casas. Urgen más árboles, más espacios verdes, menos planchas de cemento.
El planeta grita SOS a todo pulmón, aunque ya tiene pocos pulmones verdes. Nos avisa que está lastimado, dañado y responde con cambios bruscos para que despertemos de nuestro letargo.
Heredemos un planeta limpio y sano a las nuevas generaciones. Despertemos antes de que esto sea un comal ardiente o una hoguera, o el mismo aire contaminado nos ahogue.— Mérida, Yucatán.
marpero53@yahoo.com.mx
Profesor
