Razonando nuestra fe
Emmanuel Sherwell Cabello (*)
¿Cuántas veces no te ha pasado, que las equivocaciones que menos toleramos en los otros son a menudo nuestras propias equivocaciones?, ¿cuántas veces no te ha sucedido, que el enojo que experimentamos en los otros es muchas veces el enojo hacia nosotros mismos?
Duele observar en nuestros distintos ambientes cómo hay personas que pasan parte de su día lanzando piedras a sus semejantes. Hablo de las piedras del enojo, las piedras del resentimiento, las del bullying, las de la intolerancia que juzga, las de la impaciencia que sentencia, tanta agresividad.
Cuestionémonos, ¿qué piedras son las que hoy cargo y estoy esperando el momento para lanzarlas a mi semejante?
Es tiempo de Cuaresma, un tiempo que nos ayuda a repensar nuestra vida, de reencontrarnos con nuestro interior. Un tiempo para darnos la oportunidad y orientar de mejor manera el comportamiento de nuestro corazón y así, podamos colocar en el piso las piedras que cargamos y no necesitamos: las del enfado, del disgusto, las piedras de la envidia, de tantos insultos…
Todos tenemos techo de cristal, por lo que no debemos lanzar piedras al del prójimo… pueden terminar cayendo en el nuestro. Vale la pena andar el camino de la vida de una manera más ligera, más libre y más plena.
Cristo padeció por nosotros, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas. Cuando lo insultaban, no devolvía el insulto; en su pasión no pronunciaba amenazas; al contrario, se ponía en manos del que juzga justamente (1 Pe 2, 21b-24).
Seminarista católico
