La reforma educativa
Eduardo R. Huchim (*)
Por más que sea evidente su intencionalidad política, el “memorándum” del Presidente para no aplicar los contenidos de la reforma educativa carece de fundamento legal y, por tanto, es jurídicamente nulo, como puede verse puntualmente en los artículos 3 y 6 de la Ley Federal de Procedimiento Administrativo.
Con razón, el documento presidencial ha levantado una tormenta casi unánime en contra y se han multiplicado los emisores de condena y reproche al acto calificado como autoritario. El episodio ha sido un festín para los adversarios de Andrés Manuel López Obrador, pero el documento ha sido criticado también por prestigiados juristas, por razones muy difundidas.
Práctica común
Desde cierta perspectiva, el memorando (preferible a “memorándum”) plantea una instrucción que tradicional y lamentablemente ha sido práctica común en la esfera pública de México y no siempre ha sido cuestionada. Equivale a la célebre frase de “obedézcase, pero no se cumpla”, que data de la época virreinal. ¿Por qué ha levantado tanta polvareda esta vez? ¿Por qué ha motivado la reacción airada incluso de quienes callaron antes, con ocasión de violaciones o inaplicaciones de la ley? Tengo para mí que el motivo esencial es la proclividad de muchos actores políticos por la simulación.
Un Presidente heterodoxo que renuncia a la casa y las aeronaves presidenciales, que quiere acabar con la corrupción y es ejemplo de austeridad casi franciscana, que se reúne a diario con la prensa (y se pelea con ella) y semanalmente con la población (y la entusiasma), que impulsa como en ondas concéntricas el ejercicio austero del dinero público… ese Presidente, en un acto que para unos es autoritario y para otros una magistral jugada política, hace explícito lo que antes fue simulación. Y engendra la tempestad. Una tempestad ante la cual es menester no ser insensible.
Aunque hubo quienes alzaron oportunamente su voz contra las violaciones a derechos humanos y la simulación de otros sexenios, para el Presidente callaron “como momias” y ahora vociferan contra sus decisiones. No es así y hay que lamentar el tono presidencial. ¿O tendríamos que hablar de momias parlantes?
La tempestad por el “memo” está ocultando la nuez del problema. Y la nuez no es el memorando ni su ilegalidad, sino la educación y los maestros. Una educación de resultados deficitarios, a los que no son totalmente ajenos los profesores, si bien han sido injustamente satanizados como si fueran los únicos responsables. No debe olvidarse una dolorosa realidad: ¿cómo aplicar una educación exitosa si es frenada por la escasez de nutrientes de millones de niños y adolescentes?
Sin embargo, no se pueden negar los excesos que ha habido: tráfico y herencia de plazas, control indirecto de nóminas, enclaves de líderes y pérdida de rectoría del Estado. Durante mucho tiempo, la CNTE encabezó luchas legítimas y respaldadas por gran parte de la población. El respaldo social ha ido en retroceso, a causa de actos violentos, de causar pérdidas económicas, de bloqueos sin sentido. A la luz de su intransigencia, la CNTE parece querer no las justas reivindicaciones de los maestros, sino la rendición del Estado. Y esto no resulta admisible. Ese es el marco en el que se inscribe el memorando.
Lo deseable
Es deseable que AMLO reconsidere el atípico documento y lo anule explícitamente. En lo particular, yo prefiero al Presidente juarista que postula “fuera de la ley nada y por encima de la ley nadie” y no al suscriptor del “memo”. Para mí, López Obrador tiene virtudes que pueden convertirlo en el estadista que México necesita. Y un rasgo de los estadistas es la admisión del error y la rectificación consecuente.
Por supuesto, rectificar no implica la admisión de la intransigencia de un sector del magisterio, no de todos los maestros. Hay que preguntarse cuándo hablarán los muchos docentes que reprueban la violencia y no pierden de vista la que debiera ser —y no es— la prioridad de todos: el alumnado que sufre las consecuencias de una confrontación gobierno-profesores que ha durado décadas y que ya debe tener vías de entendimiento.
En momentos en que la violencia delincuencial multiplica su incidencia, gobierno y maestros debieran cerrar un frente y no distraer atención y esfuerzos en lo que debería ser prioridad urgente: el freno a la violencia ciega que mata y desestabiliza.— Ciudad de México.
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@EduardoRHuchim
Periodista
