¡Ruptura!
Ernesto Arévalo Galindo (*)
“Que se disculpe él, que tiene apellidos españoles y vive allí. Si este individuo se cree de verdad lo que dice, es un imbécil. Si no se lo cree, es un sinvergüenza”.— Arturo Pérez-Reverte, escritor y periodista español
Pobre presidente. No pobre México. ¡Pobre presidente!
En el sexenio de Luis Echeverría Álvarez, la palabra “presidente” se escribía con mayúscula cuando se hacía referencia al Ejecutivo federal. Entonces leía: “el Presidente Luis Echeverría Álvarez…” Llegué a escuchar de algunos periodistas de la época que, “por respeto a su investidura”, la palabra “presidente” se escribía con mayúscula. Sin olvidar llamarlo… “el señor Presidente”. No nada más era un error ortográfico, porque la palabra en gramática es un “nombre sustantivo común”, sino también una expresión de acatamiento al hombre “fuerte” de México.
Transcurridos los sexenios, la palabra “presidente” se degradó a su máxima expresión, o a su mínima expresión para los que aún no entiendan, hasta llegar a la podredumbre. A la podredumbre política. A la podredumbre social. ¡Nuestro horizonte es nuestra realidad! Todo parte de la sociedad en la que estamos. ¿Vamos a reaccionar? Somos la mezcla de la historia. El indígena. El español. El mestizo. ¡El mexicano! Nos peleamos. Nos matamos. Cada quien cargamos la cruz. Sin embargo, el “pueblo bueno y sabio” continúa echándole la culpa a los otros de sus problemas… de su pobreza. El rencor está avivado. Como útil instrumento para la política. ¡Inaceptable!
Andrés Manuel López Obrador vive su propia ficción, en respuesta a su visión transformada para sacar adelante al país. Prácticamente todas las mañanas, el hombre de la Cuarta Transformación es narrador de la política. ¡Bajamos al abismo a toda prisa! Porque, como mexicanos, dejamos de conocernos desde años. ¡Quizá no podamos evitar nuestra caída! Está polarizando aún más a las clases sociales. Imponiendo la violencia, por medio de la palabra hablada, como medio de grandeza. ¿A quién le pertenece la historia? México.
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Protagonismo
La solicitud al rey Felipe VI y al papa Francisco para que pidan perdón por la Conquista de México resultó ser desde una broma de mal gusto, que generó pena ajena y risa, hasta una lamentable declaración, que distanciaron a España y al Vaticano de México. Es tanto el protagonismo del “presidente” de México que su investidura es minúscula para el verdadero contexto nacional, en cuanto a su responsabilidad histórica. La “minúscula” es el protagonismo no por la mezcla del indígena con el español. La “minúscula” es el protagonismo por la mezcla del ego con el egoísmo. “¡Minúscula!”
Pobre presidente. El mismo que visitó Cantabria, España, en 2017, donde recibió un reconocimiento “muy emocionado”. El calificativo fue empleado por el presidente del gobierno de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, al hablar sobre el “visitante distinguido”, entonces aspirante a la “Silla del Águila”. Por su parte, el señor “López” calificó a Cantabria —en entrevista— como “una de las regiones más bellas del mundo”. Sin olvidar su presencia —en esa misma visita a la “Madre Patria”— en Ampuero, donde nació su abuelo. Convivió con los ciudadanos, con los empresarios y con los universitarios.
España no tiene la culpa de los problemas del “pueblo bueno y sabio”, ni mucho menos de la marginación de los indígenas. Los culpables nacieron en México y están en México. El “perdón, pero no olvido” fue impuesto a nombre de la justicia. Como condición para la implementación de la Cuarta Transformación. Traicionando al “pueblo bueno y sabio”. Traicionando a los indígenas. ¿Quién tiene que pedir disculpas? No, por lo que pasó hace 500 años. Sí, por lo que está pasando en la actualidad. ¡¿Quién?!
Puede resultar muy peligroso leer, porque puede favorecer el arte de pensar. Y pensar puede resultar nefasto en una sociedad en la que no conviene que nadie piense, en alusión al libro “Fahrenheit 451”, de Ray Bradbury. Pensar puede resultar nefasto en una clase política en la que no conviene que nadie piense, en alusión a la vida diaria de millones de mexicanos inmersos en el caos, la violencia y la muerte.
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Ridiculizando
Andrés Manuel López Obrador no nada más está aislando a México —considerado como un “país amigo”, históricamente— del resto del mundo, sino también lo está ridiculizando. ¿Por qué no se disculpa él, que tiene apellido español y vive aquí? Por los agravios de la Cuarta Transformación. Son millones las voces narrativas. Pensantes. Informadas. ¡Ciudadanos!
Basta de alterar la historia, para enriquecer la apariencia y cambiar la realidad.
El país está mal. ¡Reventando!
Cada quien ve lo que ve.
Hoy, más que nunca, presidente se escribe con minúscula. ¡Correcto!
México: trastornado por la transformación.
¡Pobre presidente!— Cozumel, Quintana Roo
arevalo61@yahoo.com.mx
Periodista
