Uno, dos, tres… por la adultez
Antonio Alonzo Ruiz (*)
Al analizar las sabias recomendaciones de Mansedumbre para fluir por el camino de la Virtud, caí en la cuenta que me hacía falta, precisamente, escuchar con más atención y pensar con calma antes de hablar y reaccionar impulsivamente.
Pero, ¿cómo sujetar mi lengua y pacificar mis reacciones? Pregunté a mi nueva compañera de camino.
“Para pacificar tus palabras y reacciones”, me contestó, “es necesario que te disciplines y aprendas a ser manso’”.
La palabra “manso”, explicó Mansedumbre, suele definirse de manera equivocada. Algunos la relacionan con personas sumisas, sin ánimo, sin la disciplina y la personalidad suficientes como para defender e, incluso luchar, por lo que es justo.
La Mansedumbre, mi avisado amigo, es la virtud que disciplina tu carácter y hace posible que pienses y reacciones adecuadamente aun en situaciones extremas y, si fallas, te da la luz y fuerza necesarias para reconocer, corregir tu error y seguir avanzando por el camino de la Virtud.
La Mansedumbre es la cura para lo que hoy llaman los especialistas “síndrome del pensamiento acelerado o impulsivo”.
No solo sujeta tu lengua y pacifica tus reacciones, sino que te enseña a construir de manera sana y disciplinada tus pensamientos, serena tus emociones y te hace amable y gentil con las personas.
La Mansedumbre, mi avisado aprendiz, genera abundancia y riqueza en tu interior.
Con razón alguien dijo ya que los “mansos heredarán la tierra”.
Psicólogo clínico, UVHM; manejo de emociones y envejecimiento. WhatsApp: 9993-46-62-06 Antonio Alonzo
