El canto de la torcaza
Vidal Cervantes Chan (*)
Están cantando las torcazas su canto de amor interminable. Han pasado los fríos y la primavera hace renacer los sentimientos, despierta el amor, irrumpe la vida.
Un nuevo ciclo de la madre naturaleza nos sorprende y nos llena de fuerza, valor y de ternura.
La tórtola busca a su pareja y entona su canto lastimero, allá en el limonero prepara su nido, su casa y aposento; se prepara para dar nueva vida.
La paloma picotea y salta por los setos buscando incesante su alimento. Así es la vida nuestra: llena de gozo de lucha y sufrimiento.
El término torcaza se debe al latín “torques”: collar, por las franjas blancas que tiene alrededor del cuello, que lo asemejan. Esta ave es originaria de Suramérica, se le puede encontrar en toda América y en regiones europeas, donde son de mayor tamaño.
En nuestros campos y ciudades ha aumentado, considerablemente, su población, debido al clima templado, favorable, a esta especie y por las restricciones impuestas a la cacería en zonas protegidas.
Sin embargo, por la reducción de su hábitat, por incendios y la tala de montes, emigran hacia otros espacios más aptos para ellas.
En estos días están brotando sus palomitos; enseñemos a los niños a proteger a la madre naturaleza: la flora y la fauna, que mucho de ella está en peligro de extinción.
La vida es un don de nuestro creador, ya sea vida animal, humana o vegetal, ninguna ley objetiva la puede truncar. En estos días celebramos la vida con la Pascua de Resurrección, protejámosla, defenderla es un deber humano y cristiano.— Mérida Yucatán.
Presbítero católico
