La Iglesia católica reconoció que las comunidades de la Zona Maya de Quintana Roo necesitan mayor acompañamiento religioso y atención pastoral, debido a la falta de sacerdotes y a las dificultades para acercar actividades de formación a las localidades indígenas.

El obispo de la Diócesis de Cancún-Chetumal, monseñor Salvador González Morales, admitió que existe una distancia entre el trabajo de la institución religiosa y las necesidades de estas poblaciones, particularmente en municipios como Felipe Carrillo Puerto y José María Morelos.

El reconocimiento ocurre ocho meses después de que asumió el cargo como obispo diocesano. Durante ese periodo, el religioso emprendió recorridos por las distintas parroquias de Quintana Roo para conocer las condiciones en las que trabajan los sacerdotes y las necesidades de los feligreses.

De acuerdo con lo informado por González Morales, hasta el momento ha visitado 73 de las 78 parroquias que integran la diócesis, lo que representa más del 90 por ciento de sus comunidades religiosas.

Zona Maya enfrenta falta de sacerdotes y formación religiosa

Uno de los principales problemas identificados por el obispo es la insuficiencia de sacerdotes para atender a la población de la Zona Maya. Esta situación limita el acompañamiento religioso y la posibilidad de mantener una presencia constante de la Iglesia católica en las comunidades.

Además, el jerarca católico señaló que los agentes pastorales han manifestado cierta distancia respecto al trabajo que se realiza con las poblaciones indígenas, debido a que buena parte de los talleres y cursos de formación se concentran en ciudades como Cancún, Chetumal y Playa del Carmen.

Por esta razón, consideró necesario modificar la manera en que se distribuyen las actividades de capacitación. Con el propósito de acercarlas a las localidades que actualmente tienen menos acceso a estos espacios.

Entre las acciones contempladas se encuentra llevar cursos de liturgia y catequesis a municipios como Felipe Carrillo Puerto y José María Morelos. La intención es que los habitantes y colaboradores religiosos puedan recibir formación sin tener que trasladarse hasta los principales centros urbanos del estado.

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Diócesis prepara cambios y capacitación para 2027

Por otra parte, Salvador González Morales informó que durante sus primeros meses al frente de la Diócesis de Cancún-Chetumal ya se realizaron algunos ajustes en su estructura interna.

Sin embargo, adelantó que podrían concretarse nuevos movimientos cuando cumpla su primer año como obispo. Tomando en cuenta la información que ha recopilado durante sus visitas a las parroquias.

El fortalecimiento de la formación de sacerdotes y agentes pastorales será una de las prioridades para 2027. Como parte de esta estrategia, explicó que un sacerdote fue enviado a Roma para continuar sus estudios. Mientras que otro realiza su preparación académica en la Ciudad de México.

Asimismo, destacó que encontró una Iglesia joven y entusiasta, con feligreses que mantienen una importante devoción y espiritualidad. No obstante, consideró que es necesario reforzar las capacidades de quienes participan en las labores religiosas para mejorar la atención en las distintas regiones de Quintana Roo.

Iglesia reconoce presencia de otras creencias en Cancún

Durante sus declaraciones, el obispo también se refirió a los cambios en las expresiones religiosas que se observan en Cancún.

En ese sentido, reconoció que otras creencias han ganado presencia en diferentes colonias de la ciudad. Entre ellas el culto a la Santa Muerte, una práctica que, según señaló, tiene sus orígenes en el centro del país y se ha extendido a otros puntos del territorio nacional.

Finalmente, el diagnóstico presentado por el obispo refleja dos retos para la Diócesis de Cancún-Chetumal: fortalecer su presencia en las comunidades indígenas del sur de Quintana Roo y responder a la diversidad de expresiones religiosas que se desarrollan en las zonas urbanas.

Aunque la institución católica reporta avances en sus recorridos por las parroquias. El propio jerarca reconoció que la atención pastoral en la Zona Maya requiere mayor trabajo, capacitación y cercanía con sus habitantes.

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